Me ha resultado increíble el descubrimiento de este autor. He estado leyendo todo lo que nos propone Alejandro en su blog y también lo que algunos de mis compañeros han escrito sobre el tema.
Interesantísima esa reflexión sobre los niños que en nuestra sociedad antes de ser personas a las que hay que enseñar a leer, a sumar, a razonar, antes de todo eso, son clientes. Tal y como lo son sus padres. En el artículo que Alejandro nos ha dejado (El retrato del eterno adolescente, de el país), leemos “los publicistas llaman tweens a los críos entre 8 y 12 años, un nuevo nicho de mercado que sabe lo que quiere, lo pide y lo compra”. ¿Saben lo que quieren? Da miedo solo escucharlo. Sobre todo cuando sabemos que la publicidad (eficaz sistema de creación de necesidades) se cuela por entre los dibujos animados desde que son casi bebés. Pennac nos dice que el trabajo de profesor consiste en reencontrar al niño o al adolescente que está bajo ese cliente, en buscar sus necesidades reales, que son simples, atención y afecto real, no regalos.
Preciosa también esa propuesta de buscar los caminos para acceder a la inteligencia del alumno con dificultades escolares, y la de volver a traer a los adolescentes al placer primero de la lectura, haciendo que comprendan y amen los textos. “No se fuerza una curiosidad, se despierta”.
Buscando cosas sobre Pennac, he encontrado este video en el que lee precisamente uno de los textos que vimos en clase. Me ha emocionado escucharlo de su voz. Se aprecia su actitud como profesor y la tremenda ternura con la que se dirige a Nathalie. Aunque no habléis francés, os recomiendo que lo veáis (tenemos el mismo texto traducido de clase).
No he leído lo de Pennac, sí lo tuyo. La verdad es que la tarea de la educación filial se ha convertido para un un padre en la asignatura más difícil, prácticamente inabordable, porque no estamos preparados para ello, hoy, aquí, en nuestro contexto. Nuestros valores parecen no servir, No comprendemos bien sus necesidades, que indudablemente no son las nuestras. El niño-cliente, como el adulto-cliente es de una voracidad espantosa. El parámetro consumo nos aliena y francamente el habernos hecho burgueses lejos de solucionarlo lo empeora. Ninguna revolución perdura más de tres generaciones, al final se vuelve a la tribu. La revolución, habló de conciencia más que de ideología, se antoja ahora urgente, sencillamente porque no hay tiempo
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